Lo que aprendió una mujer al cambiarse de sexo: de chica a chico, y viceversa

Me llamo Franchesko.
Pero ante me llamaba Francheska.
Naci chica.
Naci con vagina y pezones.
Parecia chica. Lucia como chica.
Pero no me sentía una chica.
Luché contra ese sentir.
Pero un día descubrí la porno.
Y me atraparon esos trios sexuales.
Algo extraño me ocurrió.
Algo me pasó adentro.
Jamás fui la misma.
No veía igual a mis amigas.
Ni a mis amigos.
Mi mente no era la misma.
Una parte de mi quería estar con un chico.
Y la “otra parte” queria estar con una chica.
Ya no controlaba lo que pensaba ni lo que sentía.
Hasta que un día pensé que había nacido en el cuerpo incorrecto.
Entonces busque respuestas.
Pregunté a a la psicología y me dijo que era normal lo que me pasaba.
Pregunté a la religión y me dijo que tenia dos espíritus en mi, y que era hermafrodita mistica.
Pregunté a la pornografía y me gritó que era moderno y sexy lo que sentia.
Y pregunte a la ideología de género y me susurró que era libre de hacer lo que quisiera.
Así que quise probar que se sentía ser chico.
Quería vivir como chico.
Sentir como chico.
Y tener los privilegios de ser chico.
Por eso un día decidí ser chico.
Cambié mi falda por pantalon de vestir.
Cambié mis cosméticos por peines y rasuradoras.
Y cambie mis salidas de compras por reuniones de bares.
Parecia chico.
Lucia como chico.
Pero no me sentía suficientemente chico.
Me puse un pene y me extirpe los senos.
Parecia chico.
Lucia como chico.
Pero no me sentía suficientemente chico.
Me introduje hormonas.
Me metí al gimnasio.
Me introduje más hormonas.
Me implante pelo artificial en mi cuerpo.
Me introduje una droga hormonal experimental.
Parecia chico.
Lucia como chico.
Pero no era feliz.
Entonces busqué soluciones.
Pregunté a a la psicología y me dijo que experimentara con mi cuerpo todo lo que quisiera hasta sentirme bien conmigo misma.
Pregunté a la religión y me dijo que practicara yoga y tai-chi para unificar mi espíritu dividido y unirme a mi deidad interior.
Pregunté a la pornografía y me dijo que me volviera bisexual.
Y pregunte a la ideología de género y me susurró que considerara quedándome parte mujer y agregara las partes de hombre o animal que yo “sintiera necesarias”.
Así que quise probar los limites de mi cuerpo.
Quería ser hombre-mujer-gato al mismo tiempo.
Sentir hombre-mujer-gato al mismo tiempo.
Y tener los privilegios de ser un ser único en la tierra.
Por eso decidí un día modificar mi cuerpo.
Me puse tres genitales, piel de colores y rostro de gato.
Literalmente era mitad mujer, mitad hombre y cara de gato.
La emoción me duró una semana.
Parecía libre.
Lucía como alguien libre.
Pero no me sentía suficientemente libre.
Ya no sabía lo que era.
Quería ser hombre y lucir como gata.
Pero era como si mi interior de mujer se negara a morir.
Pensaba como mujer.
Sentía como mujer.
Y anhelaba ser tocada como mujer.
Era “yo” con distinto cuerpo.
Descubrí con horror que seguía siendo “yo” sin importar cuanto modificara mi exterior.
Descubrí que sin importar mi cuerpo, genitales, edad, país, planeta, modificaciones corporales, ropa, cultura…seguiría siendo “yo”.
Y por primera vez realmente estaba “atrapada” en un cuerpo que no era el mio.
Tuve miedo.
Un miedo alucinante.
Así que decidí dar marcha atrás en mi transformación.
Dejé de inyectarme hormonas.
Restauré mi vagina y mis senos.
Destruí toda mi parte gatuna y hombruna de mi cuerpo.
Destruí todo vestigio de mi transformación hormonal.
Pero ya no es igual.
Ya no luzco como al principio.
Mi vagina ya no siente igual.
Pero lo peor de todo es que ahora la confusión que sentía era mayor.
Mucho mayor.
Quería morir.
Quería paz.
Fue por eso que me decidí matar.
Irónicamente al pensar en la muerte recorde a Dios.
“Cuando te sientas sola, habla con Dios, Él te ama.”
Era el único pensamiento de mi niñez que recordaba.
Pensé que si la muerte era mi única solución, por lo menos debía hablar con Dios antes.
“No sé quien soy, pero sé que tú eres Dios, y me siento sola…”
Y por primera vez lloré quebrantada reconociendo mi necesidad de ayuda Divina.
Fue entonces que Él respondió:
“Has buscado soluciones en todo lugar menos donde debías buscar.
Te diseñé con un cuerpo y alma femeninos.
Podrías ponerte escamas, pecho de mamut y cola de iguana, y seguiriás siendo mujer.
Pues no puedes cambiar tu alma.
Eres un alma viviendo en un cuerpo.
Nunca podrás cambiar quién eres.
Toda tu confusión inició cuando permitiste que el mundo te enseñara tu identidad.
Toda tu confusión inició cuando abriste la puerta a los demonios.
Lo que sientes nunca debe gobernar sobre lo que sabes.
No temas, Jesús pagó por ti en la cruz.
Vuelve a Mi y Yo sanaré tu alma y tu cuerpo.
Serás una de las mujeres más felices de toda la tierra.”
Sus palabras fueron una lluvia refrescante en un mundo de confusión.
Por primera vez todo cobró sentido.
El problema no fue lo que sentía.
El problema fue donde busqué mi solución.
La solución no viene de psicólogos, la porno ni de la ideología de género.
La solución viene de DIOS.
Yo no “decido” mi género ni puedo “cambiarlo”.
Ya nací con una identidad sexual, espiritual, física y genética definida por Dios.
Mi género NO es sólo físico sino espiritual. Podría ponerme pene, rostro de gato y alas de ave, y seguiría siendo mujer.
Puedo pretender modificar, adornar y hasta destruir mi género, pero mi diseño original seguirá allí, irrompible, como un sello imborrable Divino.
Ahora comprendo que sentiré muchas cosas en mi vida.
Pero no debo dejarme guiar por lo que siento.
Un día sentiré ganas de cambiarme de género y debo decir NO.
Un día sentiré ganas de suicidarme y debo decir NO.
Un día sentiré ganas de rendirme y debo decir NO.
Un día sentiré ganas de odiar y debo decir NO.
Un día sentiré ganas de robar y debo decir NO.
Un día sentiré ganas de dejar de Orar y debo decir NO.
Mi sabiduría debe gobernar mis sentimientos, no al revés.
Y ahora sé que la porno no es una amiga sino una puerta demoniaca.
Y ahora sé que no hay cantidad de hormonas que me transformen de chica a chico.
Y ahora sé que la confusión sexual no necesita un cirujano, sino a un Sanador: Jesús.

Pr. Alejandro Rivas

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